Normas para adolescentes

Normas para adolescentes

Normas para adolescentes

La disciplina es importante para la correcta educación de una persona en la adolescencia, momento del desarrollo en el que los hijos comienzan a cuestionar en mayor medida las normas y límites que les imponen sus padres. Pero ojo, no nos equivoquemos, poner disciplina no es sinónimo de educar a través de gritos ni autoridad inflexible.

La disciplina es fundamental para que un adolescente sea estable y responsable, por lo que las normas para adolescentes deben estar bien definidas y que sean respetadas por todos.

Cómo establecer normas para adolescentes

Los hijos adolescentes acostumbran a quejarse de que sus padres son demasiado estrictos, mientras que los padres lo que piensan es que sin estas reglas sus hijos se meterán en problemas. Un ejemplo claro de desacuerdo en muchas casas es la hora de llegada por la noche. No obstante, antes de fijar las normas para adolescentes se deben tener en cuenta las causas que pueden causar rechazo por parte de estos.

Se debe tener siempre presente que la afirmación de que todos los adolescentes se rebelan contra las reglas no es más que un mito, ya que la realidad demuestra que cuando los padres fijan normas para adolescentes que son razonables, es menos probable que sus hijos se rebelen. No obstante, hay diferentes factores que pueden influir en la actitud desafiante del adolescente, como son:

  • Reglas inflexibles: Cuando los padres se comportan de una manera demasiado autoritaria, negándose al diálogo con sus hijos, esto hace que las normas impuestas sean vistas de una forma más negativa, haciendo que incluso el hijo acabe haciendo lo que se le ha prohibido, a veces a escondidas.
  • Reglas impropias de la edad del adolescente: Cuando los padres intentan poner reglas como si fueran aún niños, son mal recibidas por parte de los adolescentes. Hay que adecuar las normas a la edad y madurez que tienen y pactarlas con ellos, y así lograr que el adolescente aprenda a razonar y a tomar buenas decisiones, tanto en el presente como en el futuro.

Normas para adolescentes

Una vez teniendo en cuenta lo anterior y siendo conscientes de que los adolescentes realmente necesitan que se les fijen unos límites, se deben establecer normas para adolescentes que estos entiendan, mostrando siempre comprensión y preocupación por ellos. Asimismo, se debe buscar el equilibrio en todo momento, dejando al hijo a que exprese su opinión sobre las reglas fijadas, pudiendo ser flexibles y llegar a acuerdos para cambiar alguna de esas reglas en base a las razones del hijo.

–> TIP: Una técnica muy aplicada en sesiones psicopedagógicas es la técnica del “Contrato”, donde se pacta unas normas claras a seguir por parte de los hijos sobre conductas concretas que queremos cambiar, y unos privilegios o retirada de privilegios -que no castigos- según se cumplan o no. Cuando se redacta el contrato se negocia y se pacta, de modo que ambas partes -padres e hijo- toman partido de las decisiones. Una vez firmado, hay un compromiso para ambas partes de cumplirlo. Al expresar y poner sobre el papel toma más relevancia que simplemente un comentario oral. Un ejemplo podría ser pactar sobre no gritar, evitar las malas contestaciones, o aplicarse en las tareas de la casa.

Está demostrado que un adolescente que se siente escuchado por sus padres está más dispuesto a respetar las decisiones de estos y, por tanto, a obedecerlos. No obstante, siempre se deben analizar las peticiones del hijo con respecto a las normas, teniendo en consideración el grado de responsabilidad demostrada por el adolescente para poder llegar a ceder en algún caso.

Ser inflexibles y autoritarios no es una estrategia eficaz para conseguir un buen comportamiento. Pero, como adultos, una vez tomada una decisión firme se debe explicar al hijo la razón y no ceder, contribuyendo todo ello a que el hijo adolescente se convierta en un adulto responsable. El modo “porque lo digo yo” no funciona con ellos.

Las normas para adolescentes deben ser por tanto impuestas por los padres escuchando a sus hijos y exponiéndolas con razones convincentes, pero siempre dispuestos a mantener una buena comunicación. Y recordemos, si los hacemos participar en lugar de imponer, aceptarán mucho mejor estas normas.

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