El parto de mi hijo

Hoy el blog cumple 6 meses (sí, solo 6 meses, parece que llevo mucho más, ¿verdad?). Por eso me apetecía escribir una entrada muy especial. El parto de mi hijo.

En agosto hará 5 años de ese día, y lo recuerdo como si fuera ayer. Sin duda, el parto de mi niño es uno de los mejores momentos de mi vida.

Tengo muy buen recuerdo del parto. Si eres una madre embarazada, te recomiendo que leas esta entrada, pues seguro que te han contado historias de partos eternos y horribles, y mi historia es de las fantásticas que te quitan el miedo.

Así como he dicho en otra entrada que no me gusta nada estar embarazada, parir me encanta. Me resulta muy emocionante. Sentir que das a luz, que das vida, es increíble. El embarazo y el parto es, a la vez, el don y la cruz de las mujeres.

Estaba de 37+5 semanas. Mi hijo tenía prisa por nacer, pues llevaba des de las 28 con reposo relativo -en pleno verano- por amenaza de parto prematuro. Imaginad las ganas que tenía yo también de que naciera.

Rompí aguas a las 11:45 del mediodía. Estaba haciendo pis y al levantarme note como bajaba un poco de agua por mis piernas.

  • ¿He roto aguas? – pensé, novata primeriza que era.

Me volví a sentar nerviosa. Al volver a levantarme un gran charco de agua bajo por mis piernas. Sí, no había duda, había roto aguas. Estaba de parto. No sentía nada, ni contracciones, ni dolor, nada.

Llamé a mi pareja, que estaba trabajando.

  • Amor– así le llamo yo- acabo de romper aguas. Ven a casa. De momento no noto nada, no tengo ni contracciones. Sin prisa, pero ven.

Estaba muy tranquila, muy serena. Me di una ducha y empecé a hacer la bolsa para el hospital. Sí, no tenía nada preparado, lo había dejado para el último momento.

Llegó mi pareja a casa, nervioso. Me puse a reír, era divertido verlo así. Empezó alguna contracción, pero ni dolían ni nada, hasta dudaba si lo eran.

  • Creo que tengo otra, pero no duele. Tu vete contando a ver cono van.

Al poco las contracciones eran ya algo más fuertes, pero soportables, hasta placenteras. Yo toda chula dije:

  • Pues no es para tanto parir.

Ilusa de mí.

  • Lis– así me llama él- las tienes cada 5 minutos. Vamos ya al hospital.
  • ¿Cada cinco minutos ya? ¡Pero si acabo de romper aguas hace nada! 

Subimos al coche y, en los 20 minutos de coche hasta el hospital, despego la cosa y morí. Empezaron las contracciones cada vez más fuertes y cada vez más seguidas. Y yo metida en un coche sin poder moverme. Cada 5 minutos, cada 4, cada 3. To-do-el-ra-to.

  •  ¡Madre mía voy a parir en el coche!

Llegamos al hospital.

  • ¡Estoy de parto! – dije entre risas y dolor.
  • Ui primeriza, puedes estar hasta 12 horas – me dijeron tomándome por exagerada.
  • Creo que no, que esto va en serio.
  • A ver mujer….¡pero si estás ya de 6 centímetros! 

Había dilatado todo eso en nada, en el trayecto del coche. Joder que dolor.

Me pusieron a monitores. Horrible. Contracciones mega fuertes y seguidas todo el rato, y sin poder moverme. Allí empezó mi ataque de poseída. Según mi pareja, tenía los ojos en blanco y las piernas me temblaban tanto que parecía un ataque de epilepsia.

  • Tienes las contracciones dinámicas y muy fuertes – dijo la matrona.
  • Y eso que significa.
  • Que las tienes todo el rato, una tras otra.
  • Joder eso ya lo noto. Vale, quiero la epidural.

No estaba disfrutando la experiencia. Decidí en ese momento que quería la epidural. Tras unos -eternos- minutos, vino la anestesista.

  • Te voy a meter poca, lo justo para no sentir dolor, pero sentir las contracciones, ¿ok?

Os juro que, en mi opinión, fue una muy acertada decisión.

Tras la -bendita- epidural todo cambió, para bien. Sentía las contracciones flojitas, como al principio, ya no sentía dolor, pero sentía mi cuerpo. Genial.

Me volvieron a mirar.

  • ¡Pero si ya estas completa! ¡Madre mía niña que rápida eres! 

No llegué a ir a la sala de dilatación, fue todo rápido, como soy yo. Un parto exprés me dijo la comadrona.

Me llevaron al paritorio y bueno, aquello parecían las ramblas. ¿Os había contado que el hospital de Girona es hospital universitario? ¿No? Pues eso, las ramblas mirando mi parto, pero en ese momento me daba bastante igual.

El parto fue genial, un par de empujones y a las 15:45 mi hijo nació (sí, apenas 4 horas en total de parto). Pequeñito, 2,530 kg, precioso. Lloraba, lo pusieron encima de mí y se calmó.

En cuando me lo pusieron encima me enamoré perdidamente de él. Lloré. Lo amé con todas mis fuerzas. El momento más bonito de mi vida. Amor incondicional para toda la vida.

❤ T’estimo llum de la meva vida❤ 

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3 comentarios

  1. Qué bonito ❤️ Es importante compartir las experiencias positivas demostrando, así, que un parto puede disfrutarse y ser hermoso. ¡Felicidades por estos 6 meses de blog! Que sean muchos más ?

  2. Pingback: El parto de mi hija

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