Psicología, ¿una carrera de mujeres?

Efecto Matilda

Hace poco hemos celebrado el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11 de febrero), el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo) con la importante Huelga Feminista y el Día de la conciliación familiar y laboral (23 de marzo). ¿Qué tienen en común todas estas fechas? Las mujeres como protagonistas reivindicando la igualdad de derechos y oportunidades.

Por eso hoy, con la propuesta de Saludesfera, hablamos del Efecto Matilda.

 

 El Efecto Matilda es el no reconocimiento de los logros de las mujeres científicas, trabajo a menudo atribuido a sus colegas masculinos. El Efecto Matilda lleva el nombre en honor a Matilda J. Gage, sufragista neoyorkina de finales del siglo XIX que identificó y denunció la invisibilización de las mujeres y sus méritos en la ciencia y en otros contextos (incluso en la propia Biblia).

Las contribuciones de Lise Meitner al descubrimiento de la fisión nuclear o de Rosalind Franklin al de la estructura de doble hélice del ADN, por ejemplo, no fueron reconocidas en su momento, aunque sus colegas varones recibieron premios Nobel por ellas.

Por eso voy a hablar de la Licenciatura de Psicología.

 

Yo me licencié en Psicología (ahora Grado en Psicología), una carrera principalmente con mujeres como alumnas. Siendo una carrera con más alumnas féminas que alumnos varones, ya que actualmente el 75% de los estudiantes de Psicología son mujeres, podemos afirmar que: Psicología SI es considera una “carrera de mujeres” o una carrera “feminizada”.

Si seguimos con Psicología, de 26.879 psicólogos colegiados en España (datos del INE y COP, 2015), el 81’7% son mujeres. Pero por mi experiencia laboral, en ámbitos de psicología clínica y psicología de la educación, los puestos de responsabilidad siempre me he encontrado que eren ocupados por hombres.

Los motivos por los que la mayoría de las mujeres eligen un tipo de carrera y la mayoría de los hombres otro tipo diferente es, seguramente, por los estereotipos que tenemos arraigados en nuestra sociedad y que nos han gravado con fuego des de pequeños:

  • Las mujeres sirven para cuidar a los demás, para enseñar.
  • Los hombres sirven para la tecnología, para liderar, construir.

Mensajes que vemos des de pequeños en los anuncios, en los dibujos, en los juguetes. En el cine de mayores, en los mensajes de los adultos, en la ropa. En TODO.

  • Por eso la mayoría de las mujeres, siguiendo lo que se les ha inculcado y lo que se espera de ellas, eligen carreras como: enfermería, psicología, magisterio…
  • Por eso la mayoría de los hombres, siguiendo también lo que se les ha inculcado y lo que se espera de ellos, eligen carreras como: ingeniería, arquitectura, dirección de empresas….

Pero partimos de la base que hombres y mujeres eligen libremente la carrera universitaria que quieres estudiar, que eligen libremente su futuro. El problema no termina en que haya “carreras de mujeres” y “carreras de hombres”, si no en la gran brecha de género que existe en los cargos de poder.

A pesar de que cada vez hay más mujeres en la universidad, su predominio no se refleja en los más altos cargos en los centros. 

 

Según los datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en 2015, dentro de las universidades españolas las mujeres representan:

  • el 54.3% del alumnado de grado.
  • el 54.1% del alumnado de máster.
  • el 39.7% del profesorado.
  • el 20.3% de las cátedras correspondientes.
  • En España hay 50 universidades públicas de las que solo 5 son rectoras.
  • De las 80 universidades existentes en España, solo hay 11 rectoras.
  • El 79% de las plazas de catedráticos y directivos de las universidades españolas son ocupados por hombres.
  • En cuanto a los rectores, el porcentaje llega hasta el 93%.

Estos datos reflejan una clara brecha de género.

 

Estudios recientes también alertan de que, incluso hoy, ser mujer resta inadvertidamente puntos del currículo científico. Investigadores de la Universidad de Yale mostraron en 2012 cómo los evaluadores (independientemente de su sexo) puntuaban más alto y estaban dispuestos a ofrecer un salario mejor a un potencial candidato a un puesto de laboratorio cuando creían que el currículo que juzgaban era el de un hombre que cuando creían que era de una mujer. En las mejores instituciones científicas del mundo, becas, puestos de trabajo e incluso el espacio en los laboratorios se distribuyen desigualmente entre personas con los mismos méritos y diferente sexo.

En la ciencia sí hay una brecha de género, el Efecto Matilda es una realidad.

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