Mi segunda pérdida gestacional

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En el primer trimestre de embarazo se da, con más frecuencia de lo que nos imaginamos, la pérdida gestacional, es decir, la mujer embarazada sufre una interrupción de la gestación y el bebé fallece. Si eso transcurre antes de las 22 semanas de embarazo es lo que denominamos aborto, si pasa posterior a las 22 semanas se denomina muerte fetal.

En la mayoría de los abortos que trascurren en las primeras semanas de embarazo es la misma naturaleza que hace su propia selección natural y, embriones que habrían presentado problemas, ponen fin al embarazo. Los médicos apenas les dan importancia a esos casos.

Que la pérdida gestacional sea algo que ocurre con frecuencia no quita que cause un impacto emocional en la madre.

 

Como conté en mi anterior entrada, tras mi primer embarazo del que nació mi precioso hijo, me quedé embarazada por segunda vez y lo perdí. Tuve un aborto retenido, es decir, el corazón del bebé dejó de latir, pero siguió dentro de mí, por lo que tuvieron que practicar un legrado.

Tras un tiempo, me sentía mejor y con ganas de volver a intentarlo. Necesitaba volver a ilusionarme. Olvidar no se olvida, una mujer lo lleva consigo siempre, pero eso no quita que tengas ganas de volver a intentarlo. Aunque os aseguro que ya no afrontas igual un futuro embarazo, lo vives con el miedo de ¿me volverá a pasar?

La ginecóloga me dijo que tenía que esperar entre dos y tres meses, pues tras el legrado, que es un proceso bastante desagradable, hay que dejar un margen para que el útero vuelva a la normalidad. Esperamos el tiempo de precaución y enseguida me volví a quedar embarazada, y allí llegó el miedo y la ansiedad.

Fuimos a hacer ecografía a las 6 semanas, yo estaba muy nerviosa, me temía lo peor. Y menuda sorpresa cuando el ginecólogo nos dijo “Felicidades por partida doble”. Había dos. Dos sacos, dos embriones. Y dos personas en shock: mi marido y yo. Estaba embarazada de mellizos. Nos pusimos a reír nerviosos y en mi cabeza pasó un pensamiento horrible “Que putada”. Pero estaban los dos bebés bien, eso era lo importante. Eran mellizos y dado mi historial lo mejor era hacer reposo relativo por precaución.

Las siguientes semanas fueron muy complicadas emocionalmente. Ninguno de los dos queríamos tener dos, eso complicaba mucho las cosas. La economía en casa no andaba bien y no tenemos familia que nos ayude. Pasar de tener un hijo a tener tres significaba tener que cambiar de coche, cambiar de piso, no poder pagar dos guarderías, tener quizás dejar yo de trabajar…. Me sentía desbordada y aún no habían ni llegado. Era una dualidad entre estar feliz por volver a ser madre y pensar que era una tremenda complicación.

Y llegó la segunda ecografía a las 12 semanas y volvió a pasar. Uno de los mellizos no tenía latido. Me derrumbé del todo. Me sentí triste por haber perdido a otro bebé, pero a la vez lo reconozco, sentí alivio, y ese sentimiento me hizo sentir la persona más horrible y miserable del mundo. Si ya es tabú hablar del luto gestacional imaginaros de esa dualidad que sentía yo. El único que me entendía era mi marido, porqué imagino que se sentía como yo. Me sentía tremendamente culpable por haber pensado que no quería tener dos, sentía como si yo lo hubiera matado.

La culpabilidad es la nube negra del embarazo. 

 

Pero la cosa no acabó allí, el otro embrión estaba bien, pero había riesgo de que el cuerpo expulsara el primero y se desprendieran los dos. Así que me tocó reposo absoluto y medicación, eso y una ansiedad y culpabilidad que no podía dejar de sentir. Fuimos a ecografía cada quince días y seguía todo bien, pero decidieron hacerme la Triple Screening (una analítica estadística que predice las probabilidades de que el embrión tenga anomalías) y salió mal: riesgo alto en defecto en el tubo neural, tales como espina bífida o hidrocefalia. Me derrumbé aún más, había perdido a un mellizo y el que seguía podía venir mal.

Lloré durante semanas, no quería sentir nada del embarazo, no quería saber el sexo, no quería pensar nombres, no me quería vincular emocionalmente al bebé pues, habíamos decidido que, si no venía bien no lo queríamos tener. Suena horrible, lo se, pero no estábamos preparados para asumir algo así.

Así que las semanas de espera hasta la ecografía morfológica fueron mono-temáticas y eternas. Un sinfín de buscar enfermedades en el ordenador. Recuerdo que es la ecografía con la que he ido más nerviosa. Me temía lo peor, me temblaba todo el cuerpo. Cuando la ginecóloga, tras media hora de silencio total mientras yo contenía las lágrimas y la respiración, me sonrió y me dijo “Está todo perfecto, ¿queréis saber el sexo?” rompí a llorar a mares de auténtico alivio y allí empezó el embarazo para mí. “Es una niña”, y esa niña es la que tengo en brazos ahora mismo mientras escribo esta entrada. Mi pequeña niña, mi pequeña milagro.

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Algún día le contaremos que tuvo un mellizo. Un abrazo especial a las madres que han pasado por lo mismo, mucha fuerza y os deseo que tengáis vuestro final feliz.

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6 comentarios

  1. Pingback: La pérdida gestacional | Neuras De Madre

  2. No lo sabía que habias pasado por ello! Lo siento mucho guapa.
    Me encanta tu nuevo blog

    • neurasdemadre

      Si, me ha tocado dos veces. Pero por suerte he tenido dos hijos preciosos. Se pasa mal, no quiero ni imaginar las mujeres que lo pasan más veces y no consiguen ser madres. Un beso gracias por comentar!!

  3. Qué dualidad, tener que decirte al mismo tiempo “lo siento” por uno y “enhorabuena” por otro.
    Bravo por la ciencia y el reposo, que lograron que puedas tener al menos a uno en brazos después de semejante movida.

    • Si, fue una sensación tan tan extraña….por una parte tenía en brazos a mi preciosa niña, pero cuando veía mellizos o gemelos era como una nostalgia de lo que hubiera podido ser y no fue. Además todo el embarazo saber que aun seguir dentro de mi, sin vida, la angustia… Pero como digo tuve final feliz.
      Gracias por comentar!

  4. Pingback: El parto de mi hija

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