El parto de mi hija

Dicen que cada embarazo y cada parto es un mundo, y en mi caso os puedo decir que es totalmente cierto.

En la anterior entrada, y para celebrar los 6 meses del blog, escribí sobre el parto de mi hijo mayor.

Aún no hace ni 9 meses de ello, fue el pasado octubre, y madre mía que rápido ha pasado el tiempo. Parece que fue ayer que mi pequeña estaba en la barriga y ahora ya la tengo gateando como un terremoto por la casa.

Tengo muy buen recuerdo de los dos partos, si volviera a parir lo haría exactamente igual. Insisto, si eres una madre embarazada, te recomiendo que leas esta entrada, pues seguro que te han contado historias de partos eternos y horribles, y mi historia es de las fantásticas que te quitan el miedo.

Tenía ganas de que este embarazo terminara, no fue un buen embarazo. Empezó con miedos pues venía ya de un aborto (podéis leer la historia aquí). Tras un aborto un embarazo no se afronta igual, los miedos, las dudas, a volver a pasar por lo mismo hacen que no lo vivas con la misma tranquilidad.

Y me volví a quedar embarazada por tercera vez, pero esta vez eran mellizos. Sí, eran, en pasado, perdí a uno por el camino (podéis leer la historia aquí). Fue muy duro. Y aún es extraño a veces, cuando ves un cochecito gemelar y pensar qué hubiera podido ser y no fue.

Estaba de 37+5 semanas. Exactamente la misma fecha que mi hijo. Será que es mi fecha de caducidad gestacional. Mis dos hijos han tenido prisa por nacer. Estuve des de las 28 con reposo relativo -en pleno verano otra vez- por amenaza de parto prematuro. Pero con un hijo de casi cuatro años y de vacaciones en el colegio, imaginareis que reposo poco fue el que hice.

Eran las 8 de la noche cuando empezó todo. Me sentía rara, tenía como una sensación extraña. Expulsé el tapón mucoso, pero tampoco mucha cantidad. No sentía aún nada, pero presentía que el momento se acercaba. Pero tenía dudas, la otra vez había roto aguas, pero esta vez presentía que iba a ser distinta.

Así que, como teníamos al mayor en casa, llamé a mi madre para que se lo llevara a dormir a su casa. Fue marcharse mi hijo con la abuela y empezaron las contracciones a toda leche.

En nada estaba ya con contracciones muy fuertes y seguidas. Partimos enseguida para el hospital. En el tramo del coche sentía mucho dolor. Tenía contracciones muy fuertes y seguidas, pero además sangraba mucho. Más que una regla abundante, y me asusté un poco.

Llegamos al hospital. Me miraron y estaba ya de 6 centímetros. La sangre me dijo que era por dilatar tanto en tan poco rato. Me tranquilicé. Me llevaron a la sala de dilatación -esta vez sí- y me dejaron allí a mi aire.

  • ¿Quieres un parto natural o quieres la epidural? – me preguntó la matrona muy simpática.
  • No lo tengo claro…a lo mejor natural…de momento aguanto bien….

Mi marido me miró alucinado.

  • ¿Natural? ¿Seguro que vas a poder aguantar?

Sus palabras y su poca fe en mí no me ayudaron mucho la verdad. Cierto que era algo que no habíamos hablado antes. Para mi decidir cómo quieres que sea un parto antes del momento me parece absurdo. Es imposible decidir cómo te vas a sentir en ese momento. Yo prefiero dejar que todo fluya (dentro de lo medicamente posible).

Seguí una hora más con unas contracciones muy seguidas, hasta que ya no estaba disfrutando de la situación y pedí la -bendita- epidural.

  • Quiero la epidural.
  • Pero si estás ya caso completa – dijo la matrona.
  • Ya, pero estoy muy cansada ya.
  • Ahora llamamos a la anestesista – me dijo algo borde la matrona, que de repente ya no era amiga mía.

Me pusieron media epidural, como la otra vez, pero incluso menos cantidad. No se me durmieron las piernas, sentía todo mi cuerpo y cada contracción, pero sin dolor. Para mi parir así es una genial opción.

Lo malo, que me relajé tanto que se me aflojaron las contracciones estando casi completa. ¡No!

Tuvieron que ponerme la maldita oxitocina para volver a arrancar el parto. ¡Mierda! Allí sí me arrepentí de haberme puesto la epidural.

Por suerte volvió a arrancar rápido, y en nada ya estaba completa y con ganas de empujar. Aún no había roto aguas, así que me las rompieron allí las matronas. Una pena, la verdad, empezar el parto rompiendo aguas me pareció más bonito.

Era pasada media noche cuando me llevaron a la sala de partos. Con luz tenue, silencio, y solo una matrona y una enfermera. Un ambiente íntimo y tranquilo, perfecto.

De repente me empoderé de mí misma. Pedí el espejo para ver como mi hija salía de mi cuerpo y, tras dos empujones, la saqué yo misma con mis propias manos. Brutal. Un parto precioso.

A la 1 de la madrugada nació (tras 5 horas en total de parto). De madrugada, ella ya apunta ser una guerrera como su madre. Pequeñita, 2,560 kg, preciosa. Con unos ojos expresivos ya nada más nacer.

En cuando me la pusieron encima volví a sentí ese amor incondicional tan intenso de una madre. Lloré. La amé con todas mis fuerzas. Habíamos completado nuestra familia.

❤ T’estimo petitona meva❤ 

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